La pieza del mes de noviembre está formada por un conjunto de formas de madera y la máquina que se utilizó para pulirlas. Mientras que el aparato es de los años cincuenta del siglo XX, de la empresa estadounidense United Shoe Machinery Company; los tacos de madera y las hormas son de los años setenta y ochenta del siglo XX, recopiladas y donadas al museo por el maestro hormero Pep Rotger Seguí (Selva, 1960).

La forma es una copia abstracta en madera del pie humano y su función es actuar como superficie de trabajo a la hora de montar el zapato. La fabricación de estas siempre ha sido uno de los procesos clave para fabricar los zapatos, ya que de estas dependerá su forma final.

Para fabricarlas primero se pactaba con el zapatero la forma que le quisiera dar al futuro zapato, mediante la palabra o un dibujo y teniendo en cuenta el mercado al que iba destinado. A partir de aquí, el hormero seleccionaba el taco de madera (normalmente de haya) más adecuado y comenzaba a trabajarlo con escofinas, limas y lijas hasta darle la forma final. Con el paso del tiempo, se incorporarían máquinas que agilizar este proceso, como esta máquina para pulirlas, con la que se afinaba (mediante los dos rodillos con papel de lija) la forma y se le daba el acabado final. En la máquina se pueden observar las insignias del fabricante (USMC) y de la marca del motor que lleva (Siemens). Además, los laterales están cubiertos para proteger a los operarios. Una vez realizada la forma original o prototipo, la máquina copiadora-torneadora reproducía las formas que luego se utilizarían para fabricar los zapatos. En este conjunto de tacos y hormas se pueden apreciar las diferentes secuencias que tiene fabricarlas, además de una forma para fabricar bailarinas y otra del mítico jugador de baloncesto Fernando Romay.

Desde que existen referencias a la fabricación de hormas, esta tarea siempre ha estado ligada a los hombres. En el presente, casi se han abandonado las formas de madera para fabricar zapatos, arrinconadas por las de plástico, más económicas a la hora de producir. Además, la fabricación de hormas ha perdido aquella parte artística de realizar una escultura con la introducción de las máquinas y de los programas informáticos.