La pieza del mes de diciembre es la tronzadora 24-60 de la USMC. Se trata de una máquina de entre los años 20 y 30 del siglo XX fabricada por la empresa norteamericana United Shoe Machinery Company y distribuida en España en aquellos años por su filial (constituida en 1917 en Barcelona). La máquina se encuentra sobre una mesa de la famosa empresa estadounidense de máquinas de coser Singer (fundada en 1851). Montar máquinas de coser o trepado sobre tablas utilizadas anteriormente por otras máquinas fue un hecho muy habitual y tenemos más ejemplos en el Museo.

El trepado formaba parte del aparado, la fase del proceso de fabricación de calzado donde se preparaban, rebajaban, trepaban y cosían los diferentes trozos de piel que darían forma a la futura zapato. El taladrado consistía básicamente en ornamentar la parte superior del zapato mediante unos agujeritos que le daban diferente relieve y que dibujaban en algunos casos diferentes formas. Por lo tanto, era una tarea que requería de mucha precisión, ya que estos agujeros tenían que estar alineados a la distancia correcta para crear el dibujo deseado. El corte de piel se ponía sobre la plancha metálica con un cartón duro en medio y con el pie se accionaba el pedal (situado en la parte inferior) que ponía en funcionamiento el sistema de correas y volantes que desplazan la “boquilla” ( broca) que agujereaba la piel. De filtros había de muchas formas y tamaños y algunos, incluso, permitían realizar varios agujeros con una sola “trepada”. Es posible que el motor y la lamparita fueran incorporados algunas décadas después de la fabricación de la máquina para agilizar la producción. A los dos lados de la máquina encontramos la inscripción “SINGER” y en la parte posterior la placa de la filial barcelonesa de la USMC. La llegada de estas máquinas en Mallorca durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX agilizó la producción y en provocó un aumento.

Desde que existen referencias a la fabricación del calzado, el trepado siempre ha sido una tarea ligada al sexo femenino. Algunas de las mujeres trepadoras trabajaban en las fábricas, pero también fue muy común el trabajo domiciliario. Esta fue una práctica muy conveniente para los empresarios, ya que en momentos de fuerte demanda, contactaban con las mujeres para que hicieran trabajo desde su casa con unas condiciones laborales peores a las que tenían las operarias de las fábricas. Aparte de tener una retribución más baja, cobraban a destajo (según la productividad), no cotizaban a la Seguridad Social y tampoco tenían derecho a vacaciones ni seguro en caso de accidente. Así pues, muchas máquinas como ésta fueron utilizadas tanto en las fábricas de calzado como las casas particulares de las mujeres que realizaban tareas de taladrado.