La pieza del mes de julio es la máquina de coser para calzado. Se trata de una máquina de inicios del siglo XX fabricada por la empresa norteamericana The Singer Manufacturing Company (fundada en 1851). El aparato era la fase del proceso de fabricación de calzado donde se preparaban y cosían los diferentes trozos de piel que darían forma a el futuro zapato. En esta fase encontramos un conjunto de tareas sucesivas: el rebajado, que consiste en disminuir el grosor del borde de los cortes que deben ir acoplados; el taladrado, consistente en ornamentar con agujeritos la piel; y el repuntado, mediante el que se unen, cosiendo, les diferentes cortes de piel. Desde que existen referencias a la fabricación del calzado, el aparato siempre ha sido una tarea ligada al sexo femenino. Algunas de las mujeres escaparate trabajaban en las fábricas, pero también fue muy común el trabajo domiciliario. Esta fue una práctica muy conveniente para los empresarios, ya que en momentos de fuerte demanda, contactaban con las mujeres para que hicieran trabajo desde su casa con unas condiciones laborales peores a las que tenían las operarias de las fábricas: tenían una retribución más baja, cobraban a destajo (cuando no había trabajo no cobraban nada) no cotizaban a la Seguridad Social y no tenían derecho a vacaciones ni seguro en caso de accidente. Esta máquina, la 29-K1, se acciona mediante un pedal (situado en la parte inferior) que pone en funcionamiento el sistema de correas y volantes que desplazan la aguja de coser en movimientos ascendentes y descendentes. En la parte inferior de la máquina también encontramos la inscripción “SINGER” y un lateral las iniciales de la empresa, “USMC” (United Shoe Machinery Company), entrelazadas. La llegada de estas máquinas en Mallorca durante las últimas décadas del siglo XIX agilizó la producción provocando uno aumento. Muchas máquinas como esta fueron utilizadas tanto en las fábricas de calzado como las casas particulares de las mujeres que realizaban tareas de aparato.